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El padre de Steve Jobs, un sirio adicto a la tecnología, supo hace tres años que era su hijo y le escribió varias cartas que no obtuvieron respuesta
Un hombre fotografía mensajes depositados ante la casa de Steve Jobs en Palo Alto. :: AFP A pesar de sus 80 años, Abdulfattah 'John' Jandali puede presumir de haber sido uno de los primeros en incorporarse a las nuevas tecnologías. Todos los ordenadores que ha tenido en su vida eran Apple, lleva siempre el último modelo de iPhone en el bolsillo y lee libros con avidez en su iPad. Pero hasta hace tres años no supo que el genio que inventó sus juguetes favoritos era su hijo. Y hasta ayer, la mayor parte del mundo tampoco lo sabía. Le encontró 'The Wall Street Journal' al frente de un casino de Reno (Nevada), donde se dice que este inmigrante sirio que vino a EE UU para hacerse diplomático tiene el mismo talento que Steve Jobs: es capaz de intuir lo que quieren los consumidores antes de que ellos mismos lo sepan. Como su hijo, defiende su mundo privado y no había compartido esta noticia ni siquiera con sus más allegados, quizás porque solo le causa dolor. En estos tres años desde que conoció el paradero del bebé dado en adopción le ha escrito varias veces para felicitarlo por su cumpleaños y desearle que mejorase su salud, pero los allegados de Jobs dicen que nunca le contestó. Su padre sostiene que recibió dos breves respuestas con un simple «Gracias», la última hace seis semanas. Cuando supo por Internet la noticia de su muerte, le invadió una tristeza mucho más amarga que la de los millones de fans que le han llorado. Cogió el teléfono y llamó a su otra hija, Mona Simpson, con la que Jobs mantenía contacto, pero ella no le devolvió la llamada. Como Jobs, su hermana Mona también triunfó, solo que como escritora y precisamente con una novela en la que Jandali se reconoce: la protagonista busca a un padre que la abandonó. La historia de amor entre Jandali y Joanne Simpson empezó de forma parecida a la de los padres de Barack Obama. Un estudiante de otro país que se enamora en la universidad de una chica estadounidense y la deja embarazada. La diferencia es que esta vez el padre de la joven se opuso tajantemente a esa relación y le ordenó que diera el niño en adopción. Para no arruinar la reputación familiar, Simpson pasó los últimos meses de su embarazo en San Francisco, donde se había comprometido a dar el bebé a un matrimonio que tuviese título universitario. Pero, como contó el propio Jobs la única vez que habló en público del tema, al nacer fue rechazado por los padres adoptivos, que esperaban que fuese niña. Así es como los Jobs, que nunca fueron a la universidad, recibieron una llamada a media noche ofreciéndoles el bebé, a condición de que le enviaran a la universidad. El matrimonio cumplió la promesa con tanto sacrificio que su hijo no consideró que valiese la pena y abandonó los estudios. Joanne Simpson volvió a la Universidad de Madison, donde se casó con Jandali al morir su padre; ambos viajaron a Siria, pero ella no se adaptó y volvió a EE UU, donde tuvo sola a su segunda hija. El anciano Jandali, con cara de bonachón y un enorme parecido a Jobs, no explicó al 'Journal' por qué no se involucró en la educación de Mona, pero aseguró que aunque ella no le hable la quiere con toda su alma. ![]()
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