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La Iglesia Adventista del Séptimo Día quiere que se descanse el sábado
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22.04.10 - CARLOS BENITO

«Muchos de nuestros fieles han tenido que cambiar de profesión o de empresa», explican los adventistas, cuyo día sagrado no coincide con el de la mayoría

El séptimo día

El entrenador de un equipo adventista de basket de Colorado lee la Biblia antes de un partido. :: HYOUNG CHANG/AP

Si buscan en algún diccionario de hace años, todavía pueden encontrar la concisa definición de 'sábado' como «séptimo día de la semana». La Real Academia Española hila ahora más fino, al decir que se trata del «sexto día de la semana, séptimo de la semana litúrgica», pero ciertamente el sábado lleva hasta en el nombre esa condición de ansiada jornada de descanso tras los días de labor: la etimología salta del castellano al latín, del latín al griego, del griego al hebreo y del hebreo al acadio para decirnos que 'šabattum', el origen conocido de todo esto, viene a significar 'reposo'. Por eso seguimos hablando de años sabáticos, incluso soñamos a menudo con ellos.

Pero vayan y expliquen todo esto a su jefe, o a su profesor, para excusarse de trabajar o de hacer un examen en sábado. La iglesia adventista, cuya significativa denominación completa es Iglesia Adventista del Séptimo Día, tiene que pelearse a menudo para cumplir su precepto de consagrar a Dios el tiempo que va del anochecer del viernes al anochecer del sábado. El pasado fin de semana, tuvieron un importante éxito: la Generalitat catalana permitió que una opositora adventista a maestra de Primaria se sometiese a la prueba tras la puesta de sol, nueve horas después que los otros 838 aspirantes. Era su tercer intento, ya que en las dos convocatorias anteriores rechazaron su petición. Esta vez, en cambio, le dieron el visto bueno y organizaron un curioso dispositivo para que el examen se desarrollase sin problemas ni recelos: la mujer acudió a la misma hora que los demás y pasó todo el día en un aula, sin contacto telefónico con el exterior. «La encerraron con un bocadillo, agua y una supervisora», resume el pastor Rafael Calonge, responsable de comunicación de la comunidad adventista, que agradece esa «deferencia tan incómoda para los encargados de organizar el examen».

«Nosotros intentamos recuperar una enseñanza de tiempos ancestrales y dar al sábado ese valor sagrado -explica-. Fue en el siglo V cuando los cristianos transfirieron la solemnidad del sábado al domingo, para evitar la implicación judía, pero durante siglos se había observado el sábado. El primer día de la semana era el que los romanos dedicaban al dios sol, y de ahí el nombre en inglés del domingo: 'sunday', día del sol». Esta postura sitúa a los adventistas y los judíos a contrapié de la manera en que está organizada buena parte del mundo: en España, por ejemplo, las oposiciones suelen celebrarse en sábado para aprovechar que las aulas están libres sin invadir el descanso sagrado -cada vez más laico, pero sagrado al fin y al cabo- del domingo. «La sociedad está organizada como está y para nosotros se convierte en un problema de conciencia. Ahora tenemos la ventaja de que la jornada laboral se ha acortado y prácticamente hay dos días de descanso, pero muchos de nuestros fieles han tenido que cambiar de profesión o de empresa», lamenta Calonge.

La conciencia de 'Lechuga'

Los casos más conocidos de incompatibilidad entre las obligaciones de la profesión y el precepto del sábado son los referidos a deportistas. Hay un nombre emblemático: Carlos Roa, portero argentino, decidió retirarse en 1999 al no poder conciliar el calendario futbolístico con sus convicciones adventistas. Jugaba entonces en el Mallorca y tenía una suculenta oferta del Manchester, pero zanjó el asunto con una frase que parece pensada para la historia: «Dios vale más que diez millones de dólares». En aquella insólita irrupción de lo religioso en las páginas de deportes, Roa -a quien apodan 'Lechuga' por su vegetarianismo, un régimen bastante habitual en esta comunidad- no anduvo escaso de argumentos: «Le pedí a Dios que me concediera la oportunidad de jugar un Mundial y me la dio. Le pedí venir a jugar a Europa y también me lo dio. La promesa que hice a cambio era retirarme». Eso sí, nueve meses después volvió a los estadios: «En mi religión, la adventista, el sábado se dedica a ayudar a los demás, visitar colegios, enfermos... Cuando puedo lo hago. Es cierto, me estoy desacostumbrando. Hago poco, pero mis pensamientos siguen estando. Yo le voy a dar cuentas a Dios, a nadie más», justificó. Más recientemente, también al delantero colombiano-suizo Johan Vonlanthen se le han atribuido escrúpulos de conciencia por jugar en sábado.

Los adventistas españoles recuerdan que los Acuerdos de Cooperación que el Estado suscribió en 1992 con las confesiones no católicas contemplan la observancia del sábado. En el caso de las oposiciones, el artículo 12 establece que se fijará «una fecha alternativa» para los adventistas «cuando no haya causa motivada que lo impida», pero esta salvedad deja el camino abierto a todo tipo de excusas. «Hay que flexibilizar, buscar fórmulas, profundizar en la línea de respeto y eliminar las actitudes de intransigencia con las que nos topamos a veces -defiende Calonge-. Países con mucha experiencia democrática lo entienden y establecen vías alternativas. Mientras tanto, algunas personas tendrán que seguir eligiendo».

laverdad.es