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Menos sangría y más trabajar
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23.06.12 - LA VERDAD

Los alemanes bromean con nuestra supuesta vagancia y la pasión por la juerga. Pero las relaciones comerciales pesan más que las mofas

Menos sangría   y más trabajar

España, el país preferido de los alemanes para veranear, es desde hace tiempo bastante más que un destino donde siempre brilla el sol. El año pasado nos exportaron productos por valor de 31.000 millones de euros y nosotros a ellos, de 22.000 millones. Pero a cuenta de la maldita prima de riesgo más de un teutón se ha olvidado de la balanza comercial para rescatar sin sonrojo viejos clichés: el toro y las sevillanas, la pasión por salir de fiesta, la impuntualidad, nuestras ganas de disfrutar de la vida y nuestra «sangre caliente».

La semana pasada la prensa alemana no dudaba en calificar las reticencias españolas para acudir al fondo de rescate de «orgullo español». Incluso el diario conservador 'Frankfurter Allgemeine Zeitung' se arrancó por sevillanas publicando en su portada una foto de unas muñecas vestidas con sus batitas de cola y un título redondo: «Olé, olé, olé».

Pero es la excepción. Todavía no nos crucifican como a los griegos. Ansgar Belke, economista del instituto alemán de investigación económica DIW, señala que España «no está siendo ni será tematizada en la prensa sensacionalista alemana como sucedió con Grecia». El sensacionalista 'Bild Zeitung' se despachaba con soflamas como «¡Nada de dinero para los griegos!» o «Los griegos quieren nuestro dinero». Para Belke existe una gran diferencia entre los dos países. «España es tomada en serio en materias económicas y su reputación no se encuentra dañada en absoluto. Tampoco se ha estigmatizado a los españoles».

Chillamos

Alexander Eckstein trabaja en el canal de la televisión pública alemana ARD, una atalaya excelente para pulsar los ánimos de sus compatriotas: «Los alemanes se llegaron a creer gran parte de la campaña contra Grecia. Pero España es diferente, y no creo que la opinión de los alemanes haya cambiado por la situación actual del país». Otra cosa son los tópicos que nos lastrarán nos rescaten antes o después. Como nuestro elevado tono de voz. ¿Por qué lo dirán? «Pero no es algo negativo, sino simplemente un hecho constatable, como que sabéis disfrutar de la vida mucho más que aquí». A su modo de ver, no cree que haya estereotipos negativos de los españoles o que sean muy abundantes, en cualquier caso. «A veces, en las sobremesas de los bares se pueden escuchar bromas sobre determinadas nacionalidades, pero no sobre los españoles».

En la televisión, no obstante, se cuela alguna que otra mofa como esta del otro día: «Vale, os damos el dinero, pero a cambio queremos vuestro equipo de fútbol». En Alemania, los holandeses acaparan casi todos los chistes y los polacos tienen que hacer frente a prejuicios negativos como que si vas a Polonia te van a robar hasta los zapatos.

Españoles afincados en el país lo ven de otra manera. «La primera gracia que me hacen mis compañeros cuando empiezo un trabajo nuevo es: '¡ah!, española, te pasas todo el día de fiesta, ¿verdad?'», comenta Susana, una asturiana que lleva años viviendo en Berlín. Empieza a estar cansada de las gracias sobre la fiesta y la siesta.

Una cosa está clara, los estereotipos siempre han estado y estarán ahí. Entre los periodistas alemanes especializados en escribir reportajes de turismo abunda la opinión de que en España «todo» se puede solucionar mañana y hacen bromas como «sí, sí, mañana, mañana». Tampoco dudan en destacar la larga «sobremesa», algo totalmente desconocido por esos lares, o la tan famosa siesta, a la que se apuntan cuando se encuentran en nuestro país.

La afición por estar fuera de casa es también conocida. «Para los españoles, aunque a lo mejor no tengan mucho dinero, es importante salir de bares, a comer, de fiesta...», comenta Dieter, un germano al que le encanta España y a donde no duda en ir siempre que puede. «La vida en la calle es mucho más intensa que en Alemania. Los españoles viven con pasión cada momento de sus vidas».

El director del Instituto Cervantes en Berlín, Gaspar Cano, tiene claro que «la imagen de España en Alemania siempre ha sido muy buena. Nunca hemos tenido ningún problema, al contrario, siempre han tenido una imagen positiva de nosotros. Ahora bien, con la crisis, empezamos a recelar todos de todos. Desde 2008 se ha ido agravando la situación y eso ha provocado un daño en la imagen. Al separar cada vez más a los países del norte y del sur, vuelven a resurgir una serie de arquetipos. A pesar de todo, nos ven como un país serio y solvente y saben que saldremos adelante».

Otra cosa es que choquen algunos comportamientos: «Aquí dimitió un ministro de defensa porque copió su tesis doctoral, algo insólito en España», apunta Cano. «Cada país tiene una permisibilidad en unas cosas. En general sí que ha sufrido la imagen pero no se ha deteriorado. Sigue siendo una imagen muy positiva, y de nosotros depende que siga así».

Pero una cosa es el aprecio y otra el bolsillo. Dos de cada tres alemanes dicen que no se debería haber dado dinero a España. «Eso es una realidad. Aquí la gente es muy ahorradora. El protestante es muy austero. Y nuestros destellos de grandeza, nuestro saber vivir les llama mucho la atención, pero por otro lado es lo que les atrae», explica el director del Instituto Cervantes. Y en eso consiste la labor de esta institución: «Acercar dos culturas, explicarles cómo es España y huir de los tópicos. La relación entre ambos países ha pasado de ser un amor absoluto a una especie de amor-odio. ¿Les vamos a querer o no? Pero sigo creyendo que la confianza en España es absoluta. Saben que vamos a saber sufrir».

Ya, ¿pero nos ven tan vagos? Hace poco más de un año la canciller Merkel nos leía la cartilla: «No podemos tener una divisa común y unos que tengan más vacaciones y otros menos... Se trata de que países como Grecia, España y Portugal no se jubilen antes que los alemanes, sino que todo tenga un cierto equilibrio». Estas declaraciones en boca de la máxima dirigente del país sirvió de carnaza, una vez más, para las conversaciones de sobremesa. Sin embargo, para el periodista alemán Reiner Wandler los «vagos españoles», como dicen algunos compatriotas, «no trabajan porque prefieran hacer la siesta o disfrutar de la sangría. Esa es en realidad la ocupación preferida de los alemanes que van a las playas españolas y al famoso bar de Mallorca Ballermann. Lo que les pasa a los españoles es que no encuentran trabajo».

Mujeres ardientes

Para nuestra desgracia, las cifras que ponen al país por delante de Alemania en horas de trabajo se las lleva el viento. Lo que queda son el «flamenco, los toros, la sangría, la siesta y mucha fiesta», suelta sin tapujos Markus, un currela de Nokia. «Aunque todo el mundo sabe que son solo eso, clichés, nadie piensa que sea así».

En cuanto al sexo femenino, recuerda alguna conversación con algún compañero de trabajo sobre las mujeres españolas, a las que en muchas ocasiones se las califica de «sangre caliente» o «temperamentales», reconoce entre risas para saltar luego a otro tópico. «A los españoles se les reconoce de lejos, sobre todo, por el volumen de sus conversaciones. Hablan interrumpiéndose todo el rato y alto, porque como hablan todos a la vez no se escuchan».

En el país del orden esto llama tanto la atención porque interrumpir en la conversación a otra persona es lo peor. Pero hay algo que choca aún más: «El empeño de los españoles por comprarse una casa. Aquí es muy normal vivir de alquiler toda la vida». Ya podíamos haber importado esta costumbre.

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