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Muere el mafioso soplón
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15.06.12 - JUAN PABLO NÓBREGA

Henry Hill, que inspiró al protagonista de 'Uno de los nuestros', falleció de muerte natural tras vivir amenazado durante décadas

Muere el mafioso soplón

Henry Hill, hace unos años. Arriba, una escena de la película. :: AP

En las buenas historias sobre la mafia, los arrepentidos que denunciaban a sus camaradas solían acabar mal. Tarde o temprano, no importa el grado de protección policial, sus cuerpos aparecían cosidos a balazos en cualquier esquina o en un discreto chalet de las afueras, si es que el soplón se había decidido por una tranquila existencia rodeado de su familia. Henry Hill fue una rara excepción porque, después de ejercer como uno de los capos más poderosos de la Cosa Nostra neoyorquina en los años setenta, se dedicó a traicionar a los suyos a diestro y siniestro sin que ello tuviera mayores consecuencias para su integridad. Tras una vida marcada por su adicción a las drogas y al alcohol, el hombre que inspiró la famosa película 'Uno de los nuestros', de Martin Scorsese, murió plácidamente en la cama de un hospital arropado por su amante el pasado martes. Tenía 69 años y, contra lo que pudiera parecer, hacía años que ningún agente del FBI le guardaba las espaldas.

«Es surrealista, totalmente surrealista estar aquí todavía. Nunca pensé que pudiera llegar a alcanzar esta edad. Estoy enormemente agradecido de estar vivo», dijo en una de sus últimas entrevistas. Aparte de su deteriorado estado físico, lo que más llamaba la atención de Hill cuando se dejaba ver en público -se retrató incluso con Ray Liotta, el actor que encarna su personaje en el film de Scorsese- era la humildad con que expresaba su arrepentimiento por el daño causado en su larga carrera. «Al final tenía un alma buena y muchos remordimientos», declaró apenada su novia, Lisa Caserta. Nada que ver con lo que le contó en los años 80 al escritor Nicholas Pileggi, autor del libro que dio pie a la película, en la que también aparecen en papeles destacados Robert De Niro y Joe Pesci. «Henry Hill era un matón, un buscavidas. Todo un capo del crimen organizado que le había aplastado la cabeza a más de uno», cuenta Pileggi. «Sabía cómo sobornar y cómo estafar. Era un mafioso a tiempo completo».

De padre irlandés y madre italiana, Hill empezó a hacer sus primeros pinitos en la organización mafiosa a los 11 años. Entre sus grandes golpes destaca el robo de 420.000 dólares en 1967 de la terminal de carga de Air France en el aeropuerto JFK de Nueva York. Tras perfeccionar su método, su banda logró el mayor botín en efectivo en la historia de EE UU: 5,8 millones de dólares guardados en una caja fuerte de Lufthansa, también en el JFK. «Cuando necesitábamos dinero íbamos a robar al aeropuerto», se jacta Liotta en la película. «Era mejor que ir al Citibank».

Asustado de ir a prisión y hasta arriba de drogas, Hill se dejó tentar para convertirse en informante. Una decisión que metió entre rejas a decenas de hombres de su entorno. Hill y su esposa, Karen, se escondieron durante años, amenazados por sus viejos colegas. Tras ser arrestado varias veces por asuntos de drogas, perdió la protección como testigo en los años 90. «He tomado todas las drogas humanamente posibles y no puedo controlar el alcohol», admitió en 2009.

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