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El príncipe que no llora
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21.06.12 - LA VERDAD

«Seguro, frío e imperturbable». Así define una nueva biografía a Guillermo, duque de Cambridge, que hoy cumple 30 años

El príncipe que no llora

El príncipe Guillermo espera para iniciar una audiencia en la Casa de Gobierno de Victoria, en Melbourne, en enero de 2010. :: MICK TSIKAS/REUTERS

El príncipe Guillermo, duque de Cambridge, cumple hoy 30 años. Su abuela, Isabel II, se adelantó a la onomástica aceptándole en la Orden del Cardo, la más antigua y distinguida distinción de Escocia. La reina tenía 25 años cuando ascendió al trono, hace seis décadas, y reafirma con su obsequio la conexión de la monarquía con las tierras al norte de la Muralla de Adriano. El gesto coincide con un momento de tensión entre Londres y Edimburgo en torno al referéndum independentista escocés, previsto en un plazo máximo de dos años.

Las perspectivas de una victoria del sí, que provocaría la ruptura de Reino Unido, parecen hoy tan remotas como la posibilidad de que Guillermo herede la corona directamente de su abuela. Aunque también es verdad que los sondeos favorecen al duque de Cambridge frente a su padre, el príncipe Carlos: el 48% aboga por un salto generacional mientras que el 39% desea que el príncipe de Gales reine tras la muerte o abdicación de Isabel II. Entre los jóvenes, el nivel de partidarios de Guillermo se eleva al 50%.

Las encuestas de opinión se mantienen constantes desde su mayoría de edad. Parecen secundar el deseo de su madre, Lady Di, por negar al príncipe de Gales su derecho de cuna. «Ser rey sería más agobiante. Le conllevaría enormes limitaciones y no sé si sabrá adaptarse», dijo sobre su entonces marido en una entrevista televisada en 1995. Guillermo era, para ella, el candidato con el carácter idóneo para sentarse en el trono.

«El duque de Cambridge no es el heredero. Habría que cambiar la legislación y no hay ningún apetito por enmendar la ley de sucesión al trono. Este país no se rige en base a sondeos. Las encuestas vienen y van. Pueden reflejar un apoyo popular por el príncipe Guillermo, pero no son opiniones razonadas en profundidad, sino reacciones a las preguntas que plantean los encuestadores», precisa Robert Morris, experto en cuestiones constitucionales en la Universidad de Londres. «El heredero», insiste, «es el príncipe de Gales. Su madre tiene 86 años y nadie está sugiriendo que ha de renunciar al cargo. Ella, a su vez, ha expresado con claridad que no tiene intención de abdicar».

Con ocasión del Jubileo de Isabel II, Guillermo ha honrado el coraje de su abuela. «Debió de ser muy intimidante para una joven lady. Pero en las fotos se la ve increíblemente natural en su papel. Está tranquila, elegante, con aplomo… Te lleva a pensar en la cantidad de veinteañeros -incluidos mi hermano y yo- que no somos así ni tuvimos tanta presión extra a esa edad», recuerda en una biografía de su abuela paterna que, con 25 años, ya era reina, esposa y madre de dos hijos.

«Guillermo», observa Morris, «es afortunado en este sentido. Ha podido madurar sin ser rey. Ha podido establecerse como adulto sin la presión de estar expuesto al público. Se le ha protegido de los focos de la publicidad. También a su mujer, la duquesa de Cambridge. Y parece que la estrategia de la casa real funciona bien».

En 'Nacido para ser rey', Penny Junor, experta constitucionalista y exoficial del Ministerio del Interior, sostiene que el divorcio de sus padres, las mutuas confesiones de adulterio y el carácter volátil de la princesa Diana hicieron mella en Guillermo en mayor medida que en su hermano Enrique. «La separación de los padres siempre afecta a los hijos. Decir algo más es especular».

Esconde sus emociones

Con opiniones de antiguos profesores de ambos hermanos y, principalmente, de portavoces del príncipe de Gales, Junor le retrata como una persona emocionalmente reservada, que sabe lo que quiere, comprende sus obligaciones y acepta su destino. «Tiene un sentido innato de autoprotección. Nunca se accede a la raíz genuina de Guillermo», cuenta en el libro Sandy Henney, exjefa de prensa de Carlos. El duque de Cambridge ha heredado la «habilidad de los Windsor para esconder sus emociones» y, según resalta la biógrafa, cuando perdió a su madre, con 15 años, «no se le escapó una lágrima y pareció interiorizar su dolor, como tantas otras cosas que ya había ido asimilando».

Enrique y Kate en la última década son los pilares en los que se apoya y desahoga el duque. Ambos hermanos forman piña en público y se llevan bien en privado. En el libro 'Guillermo y Enrique: los príncipes del pueblo', la periodista Ingrid Seward recupera una descripción que hizo Diana de sus hijos cuando aún eran adolescentes. La princesa los consideraba plenamente preparados para enfrentarse a las vicisitudes de la vida, aunque «a Guillermo, el intelectual de los dos, le resulta más difícil». «Enrique es muy artístico y deportivo. No le importa ni teme nada».

Dos décadas después, Junor confirma el criterio de la difunta Diana con testimonios recogidos en la Academia militar Sandhurst, donde se han formado los hermanos. «Harry no puede pasar un examen, pero pilota helicópteros de ataque mejor que sus compañeros de clase. Es un romántico. Un aventurero. Fantásticamente ingenioso. Te partes de risa con él», recoge la autora de una fuente anónima. Y añade sobre Guillermo, actual piloto en operaciones de búsqueda y rescate: «Guillermo es un tipo seguro, frío e imperturbable. Nada le excita demasiado y se aproxima a la vida con mucha consideración».

El duque de Cambridge concluye en 2013 su fase en la base aérea de Anglesey, en Gales, pero, según deduce Junor, le gustaría prolongar su carrera militar. Podría continuar otros tres años y entre los posibles destinos se menciona Lossiemouth, en el norte de Escocia. De confirmarse el traslado, se mudaría con Kate de una aislada región galesa a otro recóndito paraje británico, lejos del foco de atención mediático.

El heredero del heredero carece de una función oficial propia, pero Guillermo desempeña roles públicos desde que se licenció en la Universidad de St Andrews, en 2005. Ha fundado con Enrique varias organizaciones benéficas, apuntalando la estrategia de «monarquía del bienestar» iniciada por su tatarabuelo Jorge V. Según apunta su secretario, Jamie Lowther-Pinkerton, los hermanos comparten «objetivos, creencias, ideales y valores» en sus proyectos de patrocinio, a los que se ha sumado Kate. El empleado del palacio de St. James se aventura a pronosticar : ve al príncipe Enrique como el fiel aliado para «cargar con el peso de algunas tareas o compartirlas con el rey o la reina».

Los peligros

De duques a reyes hay un paso de gigante. La boda, por lo pronto, ayudó a fortalecer la monarquía en una era en que la aristocracia ha perdido peso frente al culto de las 'celebrities'. «Con los divorcios de sus padres y sus tíos, en los años 90, se cuestionó el papel de la monarquía como modelo familiar. Algunos sostienen que se rompió completamente y no hay forma de enmendarlo, aunque yo difiero. Reino Unido es una república virtual y la monarquía carece de un papel constitucional. Es importante su función como monarquía del bienestar, patrocinadora de las causas buenas. Seguirá adaptándose a los cambios sociales y, con suerte y una buena gestión, evitará futuras controversias», defiende Morris.

El tono y la forma de hablar, el vestuario, la defensa de los animales, la protección de los niños… son aspectos que acercan a los duques de Cambridge al pueblo llano. Kate lo mismo viste de alta costura como con vaqueros comprados en Zara. «Es la pareja dorada que tiene al mundo a sus pies. Son superestrellas globales. Su fama les da un poder que abre carteras y puertas. Pero hay peligros. La fama es seductiva - y destructiva- como descubrió Diana», alerta Junor en su libro. Los medios están al acecho en busca de un gesto que dé pie a la especulación. Y la entrada de una mujer guapa, sonriente y cariñosa en el hermético dúo fraternal es un objetivo que comienza a explorarse. En las fotografías del Jubileo no faltaron tomas de Enrique y Catalina coqueteando y compartiendo bromas. «Es la hermana que nunca he tenido», justifica el príncipe soltero.

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