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| Dios salve a Isabel |
| 06.06.12 - ÍÑIGO GURRUCHAGA | |||
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La reina cierra las celebraciones del Jubileo de diamante entre los vítores de sus súbditos: «Ha sido una lección de humildad»
1. La familia real en el servicio de acción de gracias celebrado en la catedral de San Pablo. 2. La reina, el príncipe Carlos y Camila salen del parlamento en un landó tirado por caballos. 3. Miles de personas se volvieron a congregar ayer para acompañar a su soberana. Iabel II está convencida de que las celebraciones de su Jubileo han sido «una lección de humildad». En un discurso emitido ayer por las televisiones británicas, la reina se mostró profundamente emocionada de «ver a muchas miles de familias, de vecinos y amigos celebrándolo juntos en un ambiente tan feliz». Y añadió: «Espero que el recuerdo de estos eventos felices alegren nuestras vidas por muchos años». La soberana, de 86 años, pronunció su discurso como colofón de los actos centrales de la celebración de su Jubileo de diamante, que se cerraron con un servicio religioso, un almuerzo y una procesión en carruaje hasta Buckingham Palace, donde miles de personas se congregaron en torno al balcón ocupado por Isabel II para vitorearla. Las celebraciones en estos cuatro días de fiesta han mostrado las facetas más simbólicas de la soberana. El sábado acudió al hipódromo de Epsom para presenciar una de las grandes pruebas del año, el Derby, en un primer acto que ofrecía la estampa del disfrute, pues la reina es una gran aficionada a las carreras de caballos. El domingo se organizaron almuerzos populares en calles y centros sociales de varias ciudades y, en la tarde, cerca de mil barcazas y botes desfilaron por el Támesis ofreciendo una estampa que conectaba a la actual monarca con los reyes del pasado. Era una asociación explícita con la historia y rituales de la corona. Con tapones Al siglo XXI le correspondió el lunes. Hubo un pícnic en los jardines del palacio y en el atardecer un concierto con músicas varias que incluyeron especialmente a estrellas del pop y del rock. La reina acudió a esta parte del concierto con sus oídos protegidos por unos tapones, pero el ambiente fue jovial y su hijo, el príncipe de Gales, y sus nietos, Guillermo y Enrique, tuvieron más protagonismo. La monarquía es popular, pero para algunos sectores de la sociedad británica es algo más que una institución rentable, que ofrece una imagen universal del país, o una forma útil de organizar el Estado. Para los altos funcionarios que forman el Gobierno permanente, para los miembros de las fuerzas armadas, la definición de su lealtad es 'Queen and Country', la reina y el país. Ayer estuvo dedicado a presentar ese papel de la monarquía. Comenzó con un servicio religioso anglicano en la catedral de San Pablo. La reina es cabeza de la Iglesia oficial, la que da derecho al acceso al trono. Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, leyó un sermón centrado en la idea de que la dedicación al servicio público, a la felicidad de los otros, puede dar la felicidad personal. Luego, la soberana acudió al Palacio de Westminster, sede del Parlamento. El banquete en el gran salón del edificio fue organizado por las compañías 'livery', que son instituciones gremiales -de joyeros, armeros o carpinteros- que mantienen esa tradición en los salones de la City financiera. La reina salió del parlamento en uno de los landó tirados de caballos que la monarquía británica utiliza para ocasiones de este tipo. Al encontrarse el príncipe Felipe ingresado por una infección de vejiga, su hijo Carlos, príncipe de Gales, y su esposa, Camila, duquesa de Cornualles, la acompañaron en el breve recorrido. El grupo Brand Finance ha estimado que el Jubileo ha costado unos 350 millones de euros al erario público. ![]()
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