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Pompa y boato en el Támesis
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04.06.12 - LOURDES GÓMEZ

Decenas de miles de británicos aclaman y acompañan a la reina Isabel II en la celebración de sus 60 años de reinado

Pompa y boato en el Támesis

La reina y sus familiares, a bordo del barco 'The Spirit of Chartwell', en el Támesis. :: ANDREW WINNING/REUTERS

Al mal tiempo buena cara. Bajo un intenso sirimiri, con viento incesante y una temperatura medio invernal, decenas de miles de británicos y extranjeros se apostaron ayer en las orillas del Támesis para ver pasar la procesión del Jubileo de Isabel II. Un millar de embarcaciones, desde góndolas y piraguas a mercantes, yates y barcos de vapor, acompañaron a la familia real en una espectacular regata entre los puentes de Batttersea y la Torre de Londres. «Es un evento histórico y una oportunidad única en nuestras vidas. Es un espectáculo que nunca jamás volveremos a ver y no quería perdérmelo», exclamaba Oliver Morton, de 20 años, que se había hecho hueco en primera línea del Támesis, frente al histórico buque de guerra 'HMS Belftast'. «Salimos de casa a las 6 de la mañana para asegurarnos una buena vista».

«Hace frío y llueve pero aguantamos el mal tiempo con espíritu británico», observaba Ray Finch, veterano y fiel seguidor de eventos monárquicos. «Vimos la procesión nupcial del príncipe Guillermo y Kate en abril y queríamos repetir la experiencia», apuntaba su mujer, Cathy. Este matrimonio se desplazó en tren desde la costa para celebrar, según dicen, un espectáculo que reafirma la «nación y levanta la moral». «La gente se une para celebrar juntos el Jubileo. Por fin tenemos algo positivo que festejar entre el rosario de noticias negativas», defendía la señora Finch.

Tan solo un pequeño grupo de republicanos ondeó pancartas de protesta entre un mar de banderines y Union Jacks estampadas en chubasqueros, paraguas, corbatas, leggins y sudaderas. Ayudó a mantener el buen talante las donaciones privadas que han sufragado los cerca de 12 millones de euros invertidos en los festejos del Jubileo. El contribuyente financia los costes de seguridad pero, como señaló la escocesa Maureen Lynch, «ganamos más de lo que nos cuesta el jolgorio». «La reina ha demostrado una conducta impecable en sus 60 años de reinado. Se merece nuestro agradecimiento y respeto. También celebramos hoy la diversidad de Londres y tenemos una oportunidad única de unirnos con el resto de los vecinos», decía.

Lynch organizó una merienda en la calle que tuvo como acto estelar la 'coronación' de una vecina de 86 años, los mismos que Isabel II. Antes de unirse a la flotilla, el príncipe Carlos y Camilla se acercaron a un picnic similar en Piccadilly, pero en este barrio al sur del Támesis esperaban a la propia reina. No en carne y hueso sino en cartón, pero a tamaño real y de una joven Isabel II. «Niños y mayores han estado ayudando a montar esta fiesta en la calle. Es importante para la comunidad», señalaba la mujer.

El traje rojo de Khate

Comunidad y familia son palabras en boca de los que pudieron acercarse al Támesis y de los miles más que se encontraron los accesos ya cerrados. Unos y otros convirtieron el Jubileo en una reunión de abuelos, padres y nietos con el único propósito de formar parte de una jornada histórica. «Me siento orgulloso de ser británico. Ver a una monarca en el aniversario de su 60 reinado es una posibilidad que no se repetirá en muchas décadas», resaltó Anthony Longbottom, de 26 años, ante la atenta mirada de sus padres y su novia.

La mayoría aguardó más de seis horas la llegada del primer grupo de los diez que compusieron la flotilla. «Es aburrido. No hay nada que hacer», señalaba Denise Easingwood sin perder la sonrisa. Sus dos nietas se guarecían de la lluvia bajo una tienda de campaña en la explanada del consistorio. Sorprendía la falta de entretenimiento -no hubo bandas de música ni actividades para los pequeños- pero nadie perdió la paciencia. Olivia Smith, de 17 años, fue más precavida. Se sentó en una silla de camping y se entretuvo leyendo a Agatha Christie bajo un chubasquero transparente.

Los cañonazos de la Torre de Londres, en la orilla opuesta, anunciaron la llegada de la flotilla. La respuesta no se hizo esperar: banderines al aire y gritos de emoción en honor a la Reina. Envuelta en un abrigo blanco con cristales que brillan como diamantes, Isabel II saludó a los espectadores a bordo del 'Spirit of Chartwell'. Navegaban con ella el duque de Edimburgo y los príncipes Carlos, Guillermo y Enrique, engalanados con sus uniformes militares. A su lado asomaban Camilla, con vestido y sombrero en color marfil, y Kate, en un llamativo conjunto rojo de dos piezas. La comitiva real alcanzó su destino en la Torre y parte del público emprendió el camino de regreso a casa. Calados, pero con el espíritu redoblado tras participar en el Jubileo.

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