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| Una monja contra Rajoy |
| 03.05.12 - MÓNICA BERGÓS | |||
Brígida Moreta, en una charla en la Casa de los Periodistas en Logroño. :: RAFAEL LAFUENTE El despertador de Brígida Moreta sonó, como cada día, a las 5 de la mañana, el pasado 24 de abril. La religiosa de 67 años, que vive en una residencia de monjas carmelitas en Madrid, madruga mucho para dedicar unas horas a la oración, pero ese día una noticia a través de su transistor alteró su paz interior. La radio anunciaba los detalles de la reforma sanitaria que excluirá a los inmigrantes indocumentados de la atención médica pública. «No puede ser, esto es inhumano, ¡tengo que hacer algo!» se dijo con indignación, y ni corta ni perezosa ideó una carta para el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. La misiva está causando sensación en la red y ya lleva cosechados más de 15.000 apoyos en la plataforma Actuable, conocida por su activisimo ciudadano. «Estimado Sr. Presidente» -encabeza el escrito-. «Acaba de publicarse en el BOE la reforma que impide a los inmigrantes en situación irregular el acceso a los servicios de salud. Esta medida me parece moralmente inaceptable y profundamente injusta», subraya la carmelita, que lleva medio siglo entregada a una vida de oración, penitencia y, sobre todo, mucho trabajo con los más necesitados. «La mayor parte de las personas inmigrantes irregulares en nuestro país llegan con la única voluntad de darle una vida mejor a sus familias. Me duele y me cuesta creer que una sociedad como la española, que se ha vanagloriado de ser solidaria y hospitalaria, les niegue un derecho tan fundamental y básico como es el ir a un médico y proteger su salud. Le pido que recapacite y derogue la medida». ¿Conseguirá Brígida con su carta que Rajoy escuche sus peticiones? Ella asegura que sí; que tiene el convencimiento de que su iniciativa no va a caer en saco roto. «En esta vida hay que moverse. Lo que no se dice no se oye, si no se hace nada, no se llega a nada», opina con voz decidida. Menuda es ella. Le respaldan treinta años de trabajo en las misiones del sureste de África, en Malawi, donde con toneladas de empeño y perseverancia consiguió transformar un pequeño ambulatorio, «con apenas recursos» en uno de los mejores hospitales del país, referencia de la lucha contra el sida en el continente africano. Apartarles como leprosos La monja no se corta un pelo cuando califica la situación que puede esperar a los inmigrantes indocumentados en España de «apartheid sanitario» y la compara con la que se ha vivido en África. «En los años 90 los enfermos de sida no recibían tratamiento en ese continente. Se les apartaba y excluía como también se había hecho antes con los leprosos. ¿Vamos a hacer lo mismo nosotros». Esta enfermera-comadrona de formación, que en la práctica no dudó en ejercer de médico cuando fue necesario para atender a las comunidades más humildes de Malawi (un país donde la esperanza de vida ronda los 50 años) opina que excluir al colectivo inmigrante de la sanidad pública puede tener «consecuencias deplorables» para la salud de esas personas y el resto de la población. «Provocará un colapso mayor de las urgencias, y el agravamiento de problemas de salud pública, como el contagio de tuberculosis y otras enfermedades». Brígida arremete contra «el despilfarro» que, a su juicio, ha supuesto la inversión en «desiertos-aeropuertos» como el de Ciudad Real y recuerda que el gobierno apenas ahorraría 500 millones de euros en ese recorte sanitario. «No es tanto el ahorro para un coste social tan alto. Resulta completamente incomprensible». Esta monja misionera sintió la llamada de Dios cuando era muy joven, con apenas 15 años. Vivía en el pueblo que la vio nacer, en Cardeñosa, a 7 kilómetros de Ávila, la misma tierra de Teresa de Jesús, fundadora de las carmelitas descalzas. Puede que esa proximidad con los orígenes de la santa influyera en su decisión, pero sobretodo fue su familia, que «siempre me inculcó que había que proteger al más débil» la que más le marcó. «Mi abuela materna tenía un letrero a la entrada de su casa en el que se podía leer: que nadie que pase ante esta puerta con hambre deje de entrar en esta casa». «Siempre sentí que tenía que hacer algo por los más necesitados». Tras volver de África, siguió trabajando por los más desfavorecidos. Ahora lo hace en el barrio madrileño de la Ventilla, con la atención al colectivo de inmigrantes. «Estoy viendo situaciones espantosas. Personas que están perdiendo sus casas y viven en la calle, que se desplazan a Merca-Madrid para recoger sobras de comida. Su situación puede empeorar mucho más si la reforma sanitaria anunciada sigue adelante». Sor Brígida no pierde la fe y mientras ora en silencio por la 'conversión' de Rajoy, le grita por carta que «recapacite». ![]()
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