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Atrapado en China
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10.04.12 - ZIGOR ALDAMA

Un empresario gallego lleva nueve meses retenido en Shanghái. No puede pagar a dos proveedores. Su empresa está en concurso de acreedores. Se considera «víctima de la crisis»

 Atrapado en China

Hace nueve meses que Cándido Rodríguez Eiró quiere salir de China. Pero no se lo permiten. No ha cometido ningún crimen, ni pesa sobre él orden de detención alguna. Está retenido porque debe 216.000 euros a dos proveedores. Pero aunque dispusiera del dinero y quisiera saldar su deuda, no podría. Su empresa, Grupo 3 Fashion S.L., que distribuía desde su base en Orense trajes de ceremonia fabricados en China, está intervenida judicialmente desde que en junio del año pasado presentó un concurso de acreedores. A partir de ahora, solo el magistrado gallego que lleva el caso puede decidir qué se hace con los bienes de la empresa, y cómo y a quién se paga. Cualquier trato al margen sería delito en España.

Pero los jueces chinos no parecen entenderlo, y continúan renovando la orden de retención que emiten de forma arbitraria cada tres meses. Mientras tanto, los recursos del empresario gallego y del hijo que le acompaña en Shanghái, Marcos, van desapareciendo. Malviven en una habitación de la capital económica china, y la desesperación hace mella. Porque, después de que el primer caso se cerrara de forma satisfactoria, esperaban poder celebrar la Semana Santa en familia. Pero el segundo proveedor se niega a llegar a un acuerdo y el horizonte se difumina.

«Recibimos con alegría la primera sentencia, que condena a la empresa a pagar la deuda -de 60.000 dólares-, pero deja a Cándido en libertad», comenta Marcos, que hasta julio estuvo al frente de la representación comercial de la empresa en Shanghái. «Pero el segundo proveedor -con quien la deuda asciende a 220.000 dólares, en su mayoría por compra de material que podría utilizar para otros pedidos- nos pide dinero. Como no lo tenemos, habrá que esperar a que el juez dicte sentencia». Tanto ellos como sus abogados esperan que este mes acabe el calvario. «Pero nos lo han dicho tantas veces que ya no sabemos qué pensar». Y todo apunta a que los proveedores y los magistrados tienen algún tipo de trato para intentar extorsionarlos.

«Somos víctima de la crisis», asegura el empresario, que está sumido en una profunda depresión para la que no recibe tratamiento en China. «Caixa Galicia nos cortó la línea de crédito a pesar de que teníamos beneficios, éramos rentables, y estábamos pagando puntualmente el préstamo de la nave. Luego el resto de bancos siguieron los mismos pasos y nos estrangularon económicamente». Impotente y desasosegado por el futuro de sus 70 empleados, Rodríguez se plantó en una sucursal con un revólver descargado, pero no fue capaz de intimidar a nadie porque se desmayó antes de plantear sus demandas. «A lo largo de su vida ha demostrado que, además de ser un gran empresario, es mejor persona», dijeron sus empleados en una nota.

«Nunca debí venir»

Quizá por eso, Cándido Rodríguez decidió viajar a China el 26 de junio. «Quería explicar a los proveedores cuál era la situación de la empresa, e informarles de que están incluidos en la lista de acreedores a los que el juez decidirá cómo pagar». El orensano creyó haber obtenido la comprensión de sus socios chinos, pero cuando se dispuso a embarcar de vuelta a España, el funcionario de Inmigración le dijo que no podía abandonar el país. Fue entonces cuando se enteró de que tenía dos denuncias contra él. «Han confundido una persona física con una jurídica. Yo no soy el administrador de la empresa, pero aun así han ido a por mí», se lamenta. Además, sin bienes de ningún tipo en el gigante asiático, los abogados consideran que su retención no parece justificada y que sienta un peligroso precedente que podría afectar a muchos otros empresarios en situación similar. «Nunca debí venir a Shanghái», repite Rodríguez.

El gallego comprendió pronto que lo que le esperaba era una dura odisea en China, un país en el que los poderes económico, político y judicial van de la mano. Ni siquiera la presión del Consulado de España en Shanghái ha servido para permitir que abandone el país y siga el proceso desde Galicia. Así que el propio abogado chino recomendó a padre e hijo que tratasen de salir de China por una remota frontera con Vietnam. «Pedimos el visado de ese país y fuimos hasta allí, porque nos habían dicho que los controles eran muy relajados y teníamos que intentarlo», recuerda Marcos. Pero el ordenador funcionaba. «En Inmigración hicieron algunas comprobaciones y nos impidieron salir».

También se les ha planteado la posibilidad de abandonar China de forma ilegal con alguna de las mafias que ofrecen esos servicios, pero prevalece la cordura. «Nuestra situación es crítica, pero somos conscientes de que hacer algo así entraña un riesgo muy alto. Si nos cazan, tendríamos un problema muy grande». Así que, de momento, la única solución es esperar. El problema es que el dinero se agota.

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