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La importancia de llamarse Soraya
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19.02.12 - ISABEL F. BARBADILLO

Aguerridas, trabajadoras y ambiciosas, así son estas dos tocayas vallisoletanas que se retan en el Congreso

  La importancia de   llamarse Soraya

:: IGNACIO GIL

No es, precisamente, el nombre más común en España. Frente a las casi 700.000 'marías del carmen' que encabezan la lista de los nombres propios más frecuentes, hay 17.027 'sorayas' viviendo en el país, según los datos del padrón municipal. Pero tal vez, por cabriolas del destino y de la política, empiece a ponerse de moda. Las 'culpables' son las dos mujeres que todas las semanas van a enfrentarse a micrófono abierto en el Congreso de los Diputados: la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y la portavoz del grupo socialista, Soraya Rodríguez Ramos. Las dos vallisoletanas, licenciadas en Derecho por la misma Universidad y ambas, curtidas en la cosa pública. Las dos han saboreado las mieles del Gobierno y las hieles de la oposición. Por eso pueden entenderse, por encima de las distancias físicas que marcan la diferencia de edad y estatura, siete años más joven la popular, y más bajita.

El pasado miércoles mantuvieron su primer duelo. Otra coincidencia: para el debut como portavoz, Rodríguez dejó en el armario su ropa colorida y eligió un traje gris oscuro y una camisa beis, vestimenta similar a la que lucía su avezada contrincante. Ninguna de las dos, desde luego, se preocupa en exceso de la imagen. En estilistas no gastan ni tiempo, que no lo tienen, ni dinero.

La sobriedad del hemiciclo impuso tonos en el color, pero también en la voz y en la actitud. El duelo provocó tanta expectación como el primero que mantuvo Sáenz de Santamaría cuando, como portavoz del grupo del PP (otra experiencia que comparten), le tocó lidiar en las sesiones de control del Gobierno con la entonces vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Más allá del resultado del combate dialéctico, quedó patente que ninguna de las 'sorayas' se amilana ante nada. De la veterana Sáenz de Santamaría ya se conocían su arrojo y contundencia, pero Rodríguez no se quedó a la zaga. Será que el Pisuerga imprime carácter y tiende puentes hasta el Manzanares. Dicen ahora que «si no eres de Valladolid no rascas poder». En Pucela cambia el dicho por ese otro de 'el que da capotazos en Valladolid, corta orejas en toda España'. Aplicado a los ligues, suena machista, en política parece más admisible y a Soraya Rodríguez le viene al pelo. Su carrera en el PSOE comenzó a los 25 años. Asesoraba a mujeres maltratadas y dirigía la Secretaría de Movimientos Sociales de la Ejecutiva regional.

Entre pan y pescado

Desde las filas socialistas de Valladolid valoran que la portavoz en el Congreso se haya ganado a pulso el nuevo cargo por su valía política y su capacidad camaleónica. Lo mismo ha defendido la agricultura española en Bruselas (en su etapa de eurodiputada), que negociado el rescate de cooperantes secuestrados por Al Qaida (en su papel de secretaria de Estado de Cooperación Internacional). «Esa amplia visión política le permite improvisar en los debates y que le salgan bien, y no como Sáenz de Santamaría, que memoriza lo que tiene que decir y luego lo suelta sin más», opina Óscar Puente, portavoz municipal del PSOE de Valladolid.

Una trayectoria política y vital muy distinta a la de su tocaya, empollona hasta el punto de acabar su carrera con Premio Extraordinario, sacar a los 27 años la oposición a la Abogacía del Estado y ser temida incluso por uno de sus antecesores en el Ministerio de Presidencia, Ramón Jáuregui, que durante el traspaso de poderes acudió con dos juristas por si acaso.

También en la juventud transitaron por caminos diversos. Mientras Sáenz de Santamaría pasaba los veranos en Berlanga de Duero (Soria) cociendo pan en el obrador de sus tíos, Rodríguez limpiaba pescado en la plaza de abastos del barrio de Las Delicias, donde nació.

A Álvaro López, exalcalde de Berlanga, no le extraña la ascensión a la cima del poder de su veraniega vecina de infancia. «Sacaba notas buenísimas y todos los días estudiaba antes o después de ir la piscina, pero es que encima ayudaba mucho a sus tíos», elogia López. Del pueblo soriano procede la familia de la madre de Sáenz de Santamaría y allí, desde chiquitita hasta cumplidos más de veinte, ha pasado las vacaciones con su prima, con la que disfrutaba de bailes y correrías. «Era muy vivaracha, como ahora», cotillea una vecina, que no quiere darse a conocer.

Familias modestas

En el anterior mandato, López le propuso dar la bienvenida a las fiestas, que declinó «por problemas de agenda», aunque este año será la pregonera de la Semana Santa vallisoletana. Su compañero de juegos la recuerda con cariño: «Más delgadita cuando estaba por aquí, muy moderna porque venía de Valladolid y más alegre, pero es que ahora tiene mucha responsabilidad». También resalta la fidelidad a su 'pueblo adoptivo', por el que nunca ha dejado de interesarse, a pesar de que sus tíos se hayan jubilado y la vieja panadería ya no exista.

Las dos 'sorayas', a su manera, se han buscado las habichuelas desde jóvenes. No provienen de familias pudientes. El padre de Sáenz de Santamaría trabajó como operario en la construcción; el de Rodríguez, en la fábrica de camiones Saba, y su madre, viuda a los 61 años, se pasó la vida despachando en un mercado.

A las dos les gusta cocinar, a la portavoz socialista, productos del mar (lo aprendió en el mercado). La vicepresidenta de Rajoy se maneja mejor con las tortas y las magdalenas. Aunque a la hora de elegir plato, a la todoperosa Soraya le priva el buen lechal y hasta presume de ser madrina de los cofrades de la Academia de Lechazo de Castilla y León.

Ninguna podría vivir sin humor, sin tomar unas copas con los amigos o sin cine (en versión original y en casa con su marido, Iván Rosa, para la dirigente popular). Ambas pasan de ir a misa los domingos y mantienen actitudes sociales abiertas. Sáenz de Santamaría se casó por lo civil, en 2005, en Brasil, huyendo de las fotos, y tiene un hijo, Iván, de tres meses. Rodríguez comparte con su exmarido la custodia de sus dos vástagos. El cuidado de los críos la ha llevado a tomar hasta cuatro veces al día el AVE Valladolid-Madrid. «Ha hecho verdaderas burradas y este nuevo trabajo le viene mejor, tanto a nivel personal como político», afirma José Francisco Rodríguez, procurador socialista de las Cortes de Castilla y León y estrecho colaborador de la campaña de las municipales de 2007, en la que Soraya Rodríguez se enfrentó al imbatible Javier León de la Riva por la Alcaldía.

Y es que empezó con mal pie. El primer día de campaña ya le cascaron una multa de la ORA por aparcar sin tique delante del edificio donde iba a dar el mitin. Sería el principio de un rosario de anécdotas que le servirían al lenguaraz regidor para prodigarse, más aún, en titulares de prensa. Hasta se sacó de la manga unas coplillas que dieron la vuelta al país: «Valladolid tiene tren, Valladolid tiene tren, pero no tiene tranvía, si gobernara Soraya, ¡caramba! Ya tendríamos tranvía, ¡caramba! Pero como es mentirosa, ¡caramba! nadie se lo creería, ¡caramba!...». No ganó la socialista, aunque prometió un parque acuático (suponemos que inutilizable en los gélidos inviernos) y un 'barcobús' para cruzar a los ciudadanos de ambas márgenes.

La candidata sufrió lo suyo, aunque ya recibe algún parabién de León de la Riva. «He visto el debate del Congreso y he de decir que Soraya Rodríguez ha mejorado su dialéctica, antes se trabucaba (habrá hecho un curso), pero creo, sinceramente, que Soraya Sáenz de Santamaría es el gran descubrimiento de la democracia de esta legislatura». Ahí queda.

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