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23.07.10 - NACHO BARTOLOMÉ
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Miembros de la familia Sanfiz practican una afición que les viene de lejos en el río asturiano Navelgas..:: JOSÉ MARÍA AZCÁRATE

Corrían los arbustos rodantes y el año 1848 por las áridas tierras californianas cuando un capataz llamado James Marshall y sus empleados desenterraron pepitas de oro mientras trabajaban en la construcción de un molino en el pueblecito de Coloma, cerca del río Americano. No sirvieron de nada sus intentos de guardar el secreto, porque en apenas unos meses llegaron a esa tierra miles de buscafortunas que se contagiaron de la llamada 'fiebre del oro'. Aunque aún suene a película del oeste, en España hay quienes todavía van en busca de sus destellos dorados. Y esa pasión no tiene como objetivo enriquecer el bolsillo, sino el espíritu aventurero. En el mapa del cazatesoros español, la 'X' está puesta sobre Asturias. Concretamente, en el pueblo de Navelgas, una pepita dorada oculta entre los montes del concejo de Tineo, en el noroccidente asturiano, zona que se conoce como 'valle del oro', aunque sus 300 habitantes no viven montados en el euro. «¿Oro? ¡Pregunta en el Banco de España!», responden jocosas dos vecinas, Esperanza y María Dolores, mientras toman el vermú en Casa Nieto, en el centro del pueblo. Eso sí, los navelguenses tienen una respuesta unánime cuando se les menciona su tesoro: «Busca a los Sanfiz».

La familia Sanfiz lleva toda la vida dedicándose al bateo de oro, la práctica tradicional de extracción de este metal de las aguas de los ríos. «Llevamos 50 años bateando, y todo el que viene con nosotros al río consigue ver algo de oro», garantizan Luis y Carlos Sanfiz, los vecinos más conocidos de Navelgas, y fundadores de la Asociación de Buscadores de Oro Enrique Sanfiz, que lleva el nombre de su padre. «Con tres años ya iba con él a batear al río», comenta Luis. Enrique se lo tomaba como un deporte y una forma de vida que le transmitió a sus hijos, no sólo como un trabajo. Estuvo empleado en la Sociedad Aurífera Asturiana, empresa que trabajó en la explotación de las minas de Navelgas hasta su cierre en 1956. «En esos años se les vendía el oro a los dentistas», recuerda Carlos. Los intentos por explotar industrialmente la zona en el último siglo no han dado los resultados esperados porque los romanos ya desvalijaron las entrañas de estas tierras hace bastantes años. Utilizaban una técnica llamada 'Ruina ontium', que consistía en abrir galerías y pozos en las montañas para luego inundarlas de agua y provocar el derrumbamiento del monte, con lo que conseguían llegar a los lugares que albergaban cuanta cantidad querían del valioso metal. La técnica que no cambia es el bateo. Y lo que se necesita para sacar algo en claro del agua es una batea. Esta herramienta tiene una forma similar a la de un sombrero tradicional chino del revés, y puede estar hecha de chapa, aunque las de última generación están fabricadas con una fibra sintética especial. «Son las mejores, duran toda la vida», afirman los Sanfiz, que de esto saben un rato.

Batea aparte, hacen falta una pala, un pico y unas botas. «También paciencia, y conocer muy bien el río», añade Luis. «Hace falta mover toneladas de piedra para conseguir unos cuantos gramos». En la actualidad, el valor del oro en el mercado es de a un euro el kilate. Esta medida indica la proporción de oro que tiene la pieza, de manera que 24 kilates significan que ese oro es cien por cien puro. Por ejemplo, 18 kilates implican un 75% de pureza. Para seguir calculando el valor, hay que multiplicar por el número de gramos. En el pueblo, se puede encontrar oro puro, de 24 kilates, en los ríos Bárcenas, Navelgas y Yerbo, todos afluentes del Esva. Pero no son lingotes precisamente lo que aparece en la batea tras remojarse un rato. Lo normal es encontrar pequeñas láminas de entre 0,5 y 1,2 milímetros. Además, el metal suele aparecer incrustado en otros minerales, como el cuarzo. «Los coleccionistas le damos más valor a la pieza cuando viene con cuarzo». Parece como si la madre naturaleza lo presentara en una vitrina natural. «Bateando nos hemos encontrado unos cuantos anillos, crucifijos, hasta una medalla que creo que es de cuando la guerra», comenta Carlos.

Premio a todo un día buscando

La pepita más grande aparecida en España en el último siglo la encontró otro Sanfiz, llamado Enrique. «Fue en 1998, llevaba todo el día buscando, y en las últimas paladas, apareció». La pepita pesaba 27 gramos y era casi tan grande como una moneda de 500 pesetas, pero la tasaron en unas 60.000. «Mi padre tenía la ilusión de encontrar un filón, pero en toda mi vida calculo haberme sacado cerca de un kilo de oro en total», revela Luis. «Eso sí, nunca he ganado un duro con esto, todo lo regalo, lo intercambio, lo dono a museos... ahora tengo unos 25 gramos», añade. Según los Sanfiz, no hay político que visite el pueblo al que no le regalen alguna de esas recompensas que deja el río tras horas y horas de trabajo. Y alguno más caerá, porque desde hoy y hasta el domingo se celebra en Navelgas, como cada año desde 1999, el Campeonato Nacional de Bateo de Oro. La mecánica consiste en encontrar un número desconocido de laminillas de oro en un cubo con 15 kilos de arena. Gana quien consiga encontrar todo el oro en el menor tiempo posible. La cita atrae a turistas y a aficionados de todo el mundo. Pero como no es lo mismo batear en un barreño que hacerlo en el río, que es lo natural, la asociación Enrique Sanfiz organiza en Navelgas encuentros de búsqueda de oro en el río. El próximo será el 31 de julio. «Nos vamos todos por la mañana a buscar oro, intercambiamos opiniones, las piezas que hemos conseguido, y hacemos una comida campestre», cuenta entusiasmado. En Navelgas, hay otros vecinos que han trabajado mucho porque esta actividad viva otra época dorada. En España también se puede encontrar oro en Ourense, Salamanca, Cáceres o Granada, atravesada por el río Darro, antes llamado Dauro por la existencia de oro en su cauce.

La mayor pepita en posesión de Luis Sanfiz es de 14 gramos, «y se la voy a dar a la princesa Letizia», afirma. En cualquier caso, como no deja de repetir Luis, «el verdadero oro es pasar una tarde disfrutando de la naturaleza con tu familia, amigos y unos bocadillos». Por cierto, que en California, los que más ganaron fueron los visionarios que montaron tiendas de suministros para los aventureros, que muchas veces regresaban a casa con las manos vacías.

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