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| La sociedad secreta de los Hermanos Musulmanes |
| 25.06.12 - MIKEL AYESTARAN | |||
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Hay dos Egiptos, el de los catálogos de las agencias y el de la pobreza, el hábitat natural de la hermandad. El grupo se ha ganado la confianza de la población con soluciones prácticas a los graves problemas del país. Mursi, el nuevo presidente egipcio, era su candidato. Días intensos en las sedes de los Hermanos Musulmanes de Egipto. La revolución puso punto final a décadas en la clandestinidad para el grupo islamista y ahora las oficinas están abiertas al público. Los hermanos trabajan contra la montaña de prejuicios que los medios del régimen levantaron en torno a la organización, una visión negativa que no ha cambiado en las grandes cadenas y periódicos egipcios, privados y públicos, que desconfían de una hermandad tan impopular en El Cairo como admirada en las zonas rurales. Hay que salir de la capital para percibir las sensaciones del Egipto rural, el hábitat natural del grupo. Cogiendo un taxi en la conocida plaza de Tahrir, en apenas una hora se cambia el asfalto por los caminos de tierra, la polución por el polvo y los atascos de coches por los carros tirados por burros. Aquí no hay debate político porque la mayoría está con el grupo islamista. Kirdasa está a espaldas de las pirámides y marca la frontera hasta donde llegaban los millones de turistas que visitaban el país antes de la revuelta que acabó con la dictadura de Hosni Mubarak. Tan cercana a las tumbas de los faraones como alejada de las divisas de los visitantes, esta ciudad de 100.000 habitantes está rodeada de diez pedanías y padece las carencias más comunes de las zonas rurales: analfabetismo, problemas de potabilización y canalización de agua, inseguridad, caciquismo, falta de transporte público, inseguridad ciudadana… La lista forma parte del diagnóstico trazado por Sayyed Bawa, responsable de la hermandad en Kirdasa y miembro del grupo desde 1986. La hermandad fue fundada en Egipto en 1928 por Hasan Al Banna con el propósito de convertir Egipto en un estado islámico. Desde sus orígenes ha sido una especie de sociedad paralela y secreta que llega allí donde el Gobierno no lo hace a través de su red de hospitales, escuelas, fábricas o asociaciones benéficas. Su ideología se ha extendido por todo el mundo y cuentan con organizaciones afines en 75 países. «Hoy en día seguimos sin tener una figura legal. La hermandad como tal no existe jurídicamente porque no aceptamos la ley de organizaciones no gubernamentales que impuso Mubarak y que limitaría nuestras actividades», destaca el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de El Cairo Hairi Omar, miembro de la organización desde hace 22 años. Esa postura les ha llevado a enfrentarse con la Justicia, que el próximo 1 de septiembre deberá decidir su posible ilegalización. La proclamación ayer como primer presidente democrático de Egipto de Mohamed Mursi, el candidato de los hermanos, puede cambiarlo todo. Clandestinidad, prisión, tortura o asesinato de seres queridos son circunstancias que se dan en la vida privada de cada miembro y Sayyed Bawa no es una excepción. Tras el triunfo de la revolución, alquilaron una villa en la mejor calle de la ciudad y allí han abierto una biblioteca y un centro de reuniones. Said Gazi es el responsable local de Libertad y Justicia, el brazo político fundado por la hermandad para las elecciones parlamentarias de noviembre. Obtuvieron el 47% de los escaños de un parlamento que posteriormente ilegalizó el Tribunal Constitucional. Piensa que «o la gente no nos conoce bien, o nos tiene miedo y esto es por culpa de los medios. Durante sesenta años no hemos tenido derechos, hemos pasado la mayor parte del tiempo en la cárcel… sin conocernos nos temen, y eso no es justo. ¿Prefieren a los militares?». Bawa, que es ingeniero, saca un par de folios y un bolígrafo y se dispone a explicar la organización interna de la hermandad. El lema del fundador del grupo, «el Islam es la solución», pesa como una losa sobre los sectores liberales y las minorías religiosas que viven en el país. La hermandad funciona como un sistema piramidal de siete escalones que parte de las calles y se eleva peldaño a peldaño al barrio, ciudad, provincia y país hasta llegar al Guía supremo o 'Al Morshed'. El grupo mínimo de trabajo es la 'osra' o familia. Cuatro o cinco personas que se juntan en una misma calle o bloque de vecinos. El primer órgano con capacidades administrativa y consultiva (shura, o consejo), es la 'shoaba', una especie de oficina de barrio que se forma cuando se junta un número superior a setenta hermanos, que empiezan a aportar dinero y dedican una media del 5% de sus ingresos al grupo. El 60% de lo recaudado se queda en el barrio y el resto se entrega a la oficina de la ciudad, el siguiente escalón de la pirámide. También se aceptan donaciones personales, pero siempre provenientes de hermanos. En esta oficina se repite el esquema de dos departamentos: uno administrativo y otro de 'shura' o consejo. El siguiente escalón lo integran las delegaciones provinciales, 30 entre las 27 gobernaciones de Egipto. De aquí saldrán elegidos los representantes en la gran 'shura'. El único con sueldo La cúpula de la hermandad la forman los 120 hermanos designados por las gobernaciones de todo el país. Hay elecciones cada cuatro años. El guía es el único cargo que puede permanecer durante seis años. Puede repetir mandato una sola vez. El máximo responsable es también el único que recibe un sueldo porque se le exige dedicación plena y, según la hermandad, se le paga lo mismo que cobraba en el puesto de trabajo que tuvo que abandonar para asumir su nueva responsabilidad. De la 'shura' se asciende al Consejo del Guía, organismo de 19 personas y auténtico órgano de gobierno de la hermandad con la presencia de cuatro vicepresidentes, que son los penúltimos de la pirámide antes de llegar al guía o 'Al Morshed', que en la actualidad es Mohamed Badia. Este esquema de la hermandad en Egipto es público, lo que sigue siendo secreto es el número de miembros y el presupuesto que maneja el grupo. Todos conocen ahora los nombres y apellidos de los dirigentes, y su página web detalla además que entre 1992 y 2011 han sufrido 30.000 detenciones y sumado condenas por 15.000 años. Tras concluir la explicación del organigrama Said Gazi informa de la celebración de una 'shoaba' en Manshit Radwan, una de las diez pedanías de Kirdasa, situada a unos veinte kilómetros. Un coche de la hermandad espera en la puerta y en unos minutos aparca frente a una casa de campo donde una veintena de hombres beben refrescos de naranja y charlan en torno a bandejas de plátanos. Ibrahim Mohamed, funcionario jubilado del Ministerio de Educación, dirige una 'shoaba' a la que de momento han llegado treinta hermanos. En la sala contigua las hermanas realizan una asamblea similar, aunque dos de ellas están a caballo entre la cocina y el salón para poder atender a los hombres. Uno de cada cinco egipcios vive por debajo del umbral de la pobreza, según Amnistía Internacional, con menos de un euro y medio al día. Caminar por la calle de la mano de Warda Ibrahim supone pararse una y otra vez para atender consultas de los vecinos. Las clases ya han terminado en la 'madrasa' abierta por la hermandad. El agua de la aldea se purifica en una planta potabilizadora también donada por los hermanos y, en caso de enfermedad, los vecinos no tienen que ir hasta El Cairo, porque junto a la mezquita central el grupo islamista ha abierto un dispensario con consulta de dentista y ocho camas para observación atendido por doctores de la hermandad que ofrecen sus servicios a precios populares. «¿Por qué no cuentan esto los medios de comunicación egipcios?», se pregunta Warda Ibrahim. «Después de muchos años ha llegado nuestro momento y no vamos a dejarlo escapar». ![]()
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