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Con los artesanos del tiro
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16.09.12 - JULIÁN MÉNDEZ
Con los artesanos del tiro

Jóvenes armeros de Danao, con las caras cubiertas pese a que su actividad es pública y notoria, hacen pistolas a mano en un taller clandestino. :: FOTOS: ERIK DE CASTRO/REUTERS

Los campos de caña de azúcar y las verdes colinas de Danao (18.000 habitantes), en Filipinas, esconden una industria ilegal de armas de fuego que tiene ya un siglo de vida. Decir Danao es decir ¡pum! entre los matones de medio mundo. Aquí se surten de armas automáticas, bien pulidas, pero artesanas, los integrantes de la 'Yakuza' japonesa, algunos 'gangs' estadounidenses, hampones chinos y hasta los propios policías filipinos, que deciden armarse a precios discretos ante la pasividad oficial, que tolera esta actividad ilegal. Los armeros no hablan nada bien de estos agentes ni de los soldados filipinos. Dicen que son pésimos clientes, que pagan tarde y mal, que siempre regatean y que amenazan con denunciarles. Además, son muy picajosos con el cumplimiento del plazo de entrega de las armas. Que esa es otra. Por lo visto, funcionan como en las sastrerías, uno encarga la pieza, pasa a probarla y se pacta el día de recogida.

Comprar pistolas en Danao es fácil. Basta darse una vuelta por las calles de este poblado de casas con techado de hojalata y ramas para hacerse con una automática. Hay chavales apostados en callejuelas y esquinas que, al ver llegar al forastero, hacen el gesto internacional de apretar el gatillo, un infalible santo y seña para captar la atención del recién llegado y conducirle hasta la trastienda de estas armerías de fortuna. Allí se exponen copias casi perfectas de los clásicos Colts-45 que arman al Ejército americano y de revólveres parecidos a los infalibles Smith&Wesson. Pero también se muestran pistolas ametralladoras KG-9, Uzis israelitas de artesanía, Ingrams y hasta fusiles de asalto ArmaLite AR-10, tuneados por estos manitas del disparo. Su especialización es tanta, que los armenos fabrican silenciadores, culatas a medida, empuñaduras, cachas y demás accesorios útiles para pistolas y fusiles.

En Danao existe una larga tradición, que se remonta a los primeros años del pasado siglo, en la construcción de la llamada 'paltik' o pistola de los pobres. En la II Guerra Mundial, EE UU inundó la selva filipina con miles de pistolitas, tan sencillas como efectivas, para animar a sus pobladores a usarlas contra los japoneses. Se las bautizó como 'FP-45 Liberator', servían para realizar un solo disparo, las balas se extraían e insertaban de forma manual y, cada una, venía acompañada de un cómic donde se explicaba su manejo a los guerrilleros. Producir cada una de esas piezas apenas costaba 2 dólares. Muchas de ellas fueron aprovechadas luego por los filipinos y sus muelles, gatillos y balas reutilizadas una y otra vez. Porque los armeros artesanos de Danao, sobre todo, reciclan. Rebuscan metales en los basureros, compran piezas en desguaces y rescatan cañones de viejas armas (no son capaces de estriar un cañón, todo hay que decirlo) que transforman luego en modestas obras de ingeniería mortal.

Los artesanos son muy jóvenes, casi adolescentes. La mayoría ha aprendido el oficio de sus padres, junto a quienes confeccionaron sus primeras armas. Uno tiende a pensar que esta no es más que una derivación moderna del antiguo arte de la herrería y de la forja, adaptada al espíritu asiático. Hay quienes aseguran que fue en el año 1907 cuando se fabricó el primer arma de fuego en Danao.

Comprar pistolas y fusiles de forma legal en Filipinas es sencillo. Se estima que hay 3,9 millones de armas en poder de civiles, una cifra muy elevada en un país con 95 millones de habitantes. Para obtener una licencia solo hace falta seguir un curso sobre leyes referidas a la materia y, otro, donde se enseña a manejarlas. Todo sale por unos 100 euros. «No es difícil poseer un arma si no se tienen antecedentes penales», admite Ramón Quinto, especialista legal de la Asociación Filipina de Práctica de Tiro.

El Gobierno, sin embargo, dicta severas restricciones en el uso de armas durante las campañas electorales e impone una moratoria de seis meses durante la cual se impide su tenencia y manejo. El año próximo habrá elecciones (con máquinas de recuento automático que escanean el escrutinio y evitan pucherazos) y los armeros de Danao se frotan ya las manos; harán su agosto con sus piezas, tan pavonadas y letales como las auténticas, pero más baratas y hechas a mano por estos auténticos artesanos del disparo.

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