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La nueva cornada de Ortega Cano
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28.04.12 - ESTER REQUENA

Lleva muy «mal» que su hijo se haya convertido en un personaje mediático por salir con una chica 15 años mayor. El niño ha cambiado las aulas por las chapuzas a domicilio

 La nueva cornada de Ortega Cano

Da igual que José Ortega Cano ni vea la televisión ni tampoco lea las revistas del corazón. Su teléfono no para de sonar estos días para pincharle y sonsacarle sobre las aventuras y desventuras de su hijo José Fernando, de 18 años, convertido de la noche a la mañana en un goloso personaje mediático. Su pequeño ha crecido y se encuentra en boca de todos, algo que el diestro lleva bastante «mal». En especial porque la presunta novia del joven, Alam Elkhadraovi, una chica marroquí, le saca nada menos que 15 años. Pero ahí no cesan las noticias sobre ella: algunos programas del 'cuore' hablan de un pasado turbio e incluso de que podría mantener otra relación en paralelo. «Me gustaría que estuviese con gente de su edad», confesó el diestro hace unos días dejando claro que él preferiría una «mujer tradicional» para su niño. «He hablado con él de su supuesta novia, pero dice que no lo es», sentenciaba el torero en una larga y profunda entrevista esta semana a Cristina Tárrega. De hecho, Rosa Benito ya ha adelantado que su sobrino José Fernando va a dejar de ver a la treintañera... O no, porque ya se sabe cómo funcionan las hormonas de los 18 años.

Un culebrón en toda regla. Un Miura más con el que el diestro debe torear a sus 58 años en una plaza atestada de morlacos, porque al marido de Rocío Jurado no paran de abrírsele frentes desde que se viese implicado en el accidente de tráfico del 28 de mayo del año pasado en el que falleció Carlos Parra. La peor cornada a un cuerpo vapuleado y cosido a cicatrices (más de treinta) a las que hay que sumar la decena que le dejó en la piel la fatal colisión y las del alma, peores porque no se curan. «La pérdida de una persona no se va en la vida, lo tengo clavado», recuerda siempre que puede el encanecido diestro, que ha dejado de tintarse el pelo.

Con su hijo José Fernando ha tenido sus tiras y aflojas en estos duros meses de convalecencia a causa de la rebeldía que parece acompañar a la mayoría de edad. Sus primeros roces llegaron con las malas notas escolares, agravados con la expulsión del colegio irlandés. La guinda la pusieron algunas disputas familiares que llevaron a que el joven abandonase Yerbabuena. Lo último es que ha dejado los estudios y se ha metido con su primo Eugenio a pintor de brocha gorda y otras chapucillas para sacarse un dinerito extra. Es lo que tiene haberse independizado. Y eso que su piquito de herencia de su madre rondaría el millón de euros, según allegados de la familia. Vamos, todo un soltero de oro que de vez en cuando muestra los genes de su padre adoptivo toreando de salón o incluso lidiando alguna becerra en la finca familiar. «Ahora las cosas entre ellos van mejor, vuelven a hablar más y a estar más en contacto», comenta una fuente cercana al torero. Un alivio para el maestro. Menos quebraderos le da Gloria Camila, su hija de 16 años, que toca el piano, estudia solfeo, y que participó recientemente en un desfile benéfico de moda vestida de faralaes. Dicen que la niña también se ha echado novio.

Regreso a las plazas

Para Ortega Cano, su familia y el mundo del toro se han convertido en el mejor refugio. Muy mejorado tras el accidente gracias a las duras sesiones de rehabilitación a las que se enfrenta a diario, José, así le llaman sus amigos, está centrado ahora en recuperar el movimiento de las piernas. Ya ha conseguido valerse perfectamente con una sola muleta, pero el nervio ciático de la rodilla le está dando bastantes quebraderos de cabeza. Lucha con todas sus fuerzas por no tener que depender el resto de su vida de una muleta mientras no pierde de vista la gestión de su ganadería, en la que le ayuda su hermano y el que fuera su fiel mozo de espadas, Victorino Peña. De hecho, presume de tener cerradas dos corridas de toros y cuatro novilladas, lo que le ha devuelto una tímida sonrisa. «El toreo es su vida y ese mundo se ha convertido en su gran apoyo en estos momentos tan difíciles», enfatizan en su círculo más cercano. Además, se ha liado la manta a la cabeza y se ha convertido en apoderado de Julio Aparicio -con el que compartió numerosas tardes- y quiere darle un buen empujón al novillero Rafael Cerro. Por eso no se pierde sus actuaciones desde la barrera y vuelve a sentirse torero aunque no se encuentre sobre el albero. «Pero José ya no es el de antes, serlo sería muy difícil. Siempre se ha caracterizado por ser una persona muy sensible y el accidente ha sido un golpe muy duro que le ha dejado muy machacado. Tampoco podemos saber exactamente cómo se encuentra porque, al ser muy introvertido no exterioriza mucho e intenta no preocupar a su gente», detallan sus allegados.

En estos meses ha leído mucho buscando un atisbo de tranquilidad y cierta abstracción. Han caído algunos libros de autoayuda y muchos otros de temática religiosa, porque, ante todo, Ortega Cano se declara profundamente creyente. En la cruz de Cristo ha visto una tabla de salvación y a él le reza a diario. Aún así, no se libra de momentos de bajón. Esos en los que se encierra en una habitación solo a escuchar cantar a su Rocío durante 3 ó 4 horas para olvidarse de todo. A su mujer y a su madre, sus dos grandes pilares, las sigue sintiendo muy cerca y «sabe que le están echando un capote, si no se lo han echado ya, porque hay que recodar que dijeron que no salía del accidente». Y nada de novias por más nombres que le hayan endosado en estos meses, como el de Shalma, una cantante pelirroja de 29 años muy aficionada, al parecer, a posar con personajes famosos.

Ortega solo quiere centrarse en su familia... y en los toros, el mundo que ha sido su vida y que descubrió dando capotazos a un perro a la vez que alternaba sus estudios ayudando a sus padres a acarrear fruta. El sigue pendiente del juicio para el que la fiscalía solicita cuatro años de cárcel por homicidio imprudente, conducción temeraria y circular bajo los efectos del alcohol. Los abogados de Ortega Cano han movido ficha y han solicitado su absolución, así como la retirada del test de alcoholemia. Ese del que tanto se habló y arrojó 1,26 gramos de alcohol por litro de sangre, casi el triple de lo autorizado cuando el torero argumentaba que solo había mojado los labios en cava. También entre sus últimas alegaciones presentadas se encuentran dos estudios que concluyen que su Mercedes Benz R320 circulaba a una velocidad de entre 79 y 96 kilómetros por hora frente a los 125 fijados por la Guardia Civil. Una noche de la que, por cierto, Ortega Cano apenas recuerda nada. Su memoria solo volvió a activarse cuando despertó en la habitación del hospital Virgen Macarena, de Sevilla, donde permaneció ingresado un mes y medio. «Asumiré lo que la Justicia disponga y lo que Dios quiera», ha dicho. Eso sí, solo pensar en la cárcel se le «ponen los vellos de punta». Pero va a luchar hasta el final. «He tenido momentos de bajón muy grandes pero soy como el Ave Fénix». Y ya se sabe que los toreros están hechos de otra pasta.

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