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| La becaria de JFK |
| 08.02.12 - JUAN PABLO NÓBREGA | |||
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Mimi Alford, una abuela de 69 años, revela en un libro que a los 19 perdió la virginidad con Kennedy, con quien mantuvo una tórrida relación que duró hasta unos días antes del magnicidio
Un sonriente Kennedy, rodeado de admiradoras, tras darse un baño en Santa Mónica, en agosto de 1962, cuando aún era amante de Mimi. :: AP En el verano de 1962, año y medio después de su llegada a la Casa Blanca, John F. Kennedy vivía una de las tantas pesadillas de su corta presidencia. El embargo a Cuba, decretado un día como ayer hace 50 años, había elevado la temperatura de la guerra fría con la Unión Soviética a niveles que presagiaban una confrontación nuclear. En el plano personal, el político demócrata luchaba a duras penas para mantener la sonrisa, permanentemente aquejado de fuertes dolores de espalda derivados de una rara enfermedad endocrina. Ninguna dificultad, sin embargo, lograba desdibujar uno de los rasgos definitorios de su personalidad: su adicción a las mujeres. Cuando parecía que ya no había más huecos que llenar en su nutrida lista de amantes, una discreta abuela de 69 años y exadministradora de una iglesia en Nueva York ha desvelado con lujo y detalle en un nuevo libro la tórrida relación sexual que mantuvo con el apuesto presidente entre junio de aquel año hasta días antes de su asesinato en Dallas, en noviembre de 1963. Entonces, Mimi Alford era una de esas afortunadas becarias que llegaba a la mansión presidencial ávidas por descubrir el mundo de la alta política. En una abrir y cerrar de ojos, en el dormitorio de Jackie, la esbelta adolescente de Nueva Jersey fue seducida casi sin mediar palabra cuatro días después de incorporarse al puesto. «¿Eres Mimi, no?», le preguntó JFK antes de una rueda de prensa. «Sí señor», respondió emocionada la chica. «¿Vas a trabajar en el gabinete de prensa este verano, no?», continuó él. «Sí señor», volvió a aseverar Mimi. En 'Érase una vez mi secreto. Mi 'affair' con John F. Kennedy y sus secuelas', la mujer narra que poco después de ese encuentro el mandatario se ofreció a mostrarle la residencia y la invitó a nadar en la piscina. Esa misma tarde Mimi perdió la virginidad en el dormitorio de la primera dama. Su relato no ahorra en detalles de cómo fue conducida al dormitorio, cómo le desabrochó los botones de su blusa, cómo le quitó la ropa interior y cómo le acarició suavemente los senos. Incluso cuenta que él se dejó, aquella primera vez, la camisa puesta cuando se acostaron. 33 años antes de que Monica Lewinsky se rindiera a los encantos de otro presidente demócrata (Bill Clinton), la becaria Mimi Alford decidió entregar su virginidad al hombre más poderoso del mundo. La autora narra minuciosamente aquella escena en la que JFK le preguntó si esa sería su primera relación sexual. «¿Lo has hecho antes?», le interrogó él. «No», contestó ella. «¿Estás bien?». «Sí», le respondió esta vez. Según la exbecaria, el presidente se excitó sobremanera y prosiguió su tarea «más gentilmente», hasta que terminó. «Luego se subió los pantalones» y le indicó que fuera al baño. De ahí en adelante, siempre se dirigiría a él como 'Mr. President'. En otro pasaje, Alford narra que «el hecho de que me deseara el hombre más famoso y poderoso de América solo aumentó mi sensación de que cualquier resistencia no era una opción. Por eso fue que munca le dije que no al presidente. Es la mejor respuesta que puedo ofrecer». Aquella primera vez sería la única que harían el amor en el dormitorio del matrimonio Kennedy. Alford asegura en su libro que la relación sexual que tuvieron desde entonces fue variada y divertida, y detalla que al presidente le gustaba pasar tiempo con ella en la bañera mientras bromeaban con unos patitos de goma a los que les pusieron nombres de los integrantes de la familia Kennedy. También revela que le enseñó a hacer huevos revueltos y escuchaban juntos a Tony Bennett, Frank Sinatra y Nat King Cole, los cantantes favoritos de JFK. Aún así, la protagonista de la historia admite que siempre hubo distancias insalvables. «Nunca nos besamos. El abismo que había entre ambos, en edad, poder y experiencia, garantizaba que nuestro 'affair' nunca se convertiría en algo más serio». A JFK no parecía importarle compartir su amante con algunos de sus ayudantes. Todo lo contrario. En una ocasión, narra Alford, Kennedy se le acercó durante un baño en la piscina y le susurró que su asesor Dave Powers andaba «algo tenso». Ella descifró el mensaje: «Era una llamada, un desafío para que le practicara sexo oral a Dave Powers. No creo que él pensara que iba a hacerlo, pero me avergüenza reconocer que lo hice... mientras el presidente nos miraba en silencio», afirma, y agrega que él se disculpó más tarde. Sin embargo, en uno de sus últimos encuentros volvió a hacerle una petición similar. También le instó a que se «encargara» de su hermano pequeño Ted, que necesitaba «un poco de relajación». Ahí es cuando Mimi se plantó y le dio un no por toda respuesta. Durante el romance tuvo un «susto». Una falsa alarma de embarazo. El aborto estaba prohibido, pero ya le habían arreglado una cita con un médico. Además, cuenta que en esos meses le vio llorar una vez por la muerte de su hijo Patrick Bouvier Kennedy, que nació prematuro y falleció a los dos días. «Leía las cartas de condolencia y se le derramaban las lágrimas... yo también lloré». Llevarla con él a Dallas En el libro también hay hueco para la intriga política cuando Mimi revela que el presidente temía que el vicepresidente, Lyndon Johnson, pudiera utilizar ese romance contra él, por lo que pidió a Alford que se mantuviera «alejada» del político que acabaría asumiendo la Presidencia tras el asesinato de JFK. En una rara confidencia política, en plena crisis de los misiles de Cuba, Kennedy le habría dicho que prefería que sus hijos «fuesen rojos comunistas en lugar de verlos muertos». Según el testimonio de Mimi, se vieron por última vez en un hotel de lujo de Nueva York el 15 de noviembre de 1963, una semana antes de que fuera asesinado en Dallas. «Me dio un largo abrazo y me dijo que le gustaría que fuera con él a Texas, que quería seguir viéndome y que me llamaría a la vuelta», añade la mujer, que en aquel entonces estaba a punto de casarse, lo que parecía no importar a Kennedy, según deja caer en su relato. «Lo sé, pero te llamaré de todos modos», insistió el presidente sin saber que era la última vez que hablaría con ella. Un francotirador acabó con su vida el 22 de noviembre. ![]()
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